Carta para la Patas Negras

No planeaba publicar esto hoy.

Estuve muy ocupada, por lo que no alcanzaba a terminar el post que tenía preparado para esta semana (otra de mis extensas confesiones estilo comedia-romántica-gringa).

Pero devolviéndome de la playa después de Semana Santa, entre taco y peaje, se me vino a la mente una de esas “conversaciones pendientes ficticias” que alguna vez imaginé luego de haber terminado con Juan.

Esas típicas conversaciones que planeas, modificas y reproduces una y otra vez en tu cabeza, pero que sin embargo, sabes que nunca ocurrirán.

Luego de mucho pensarlo, decidí compartir con ustedes ese discurso que atormenta mis pensamientos desde hace ya un par de meses. Quizás liberarlo sea justo lo que necesito para poder desenamorarme definitivamente.

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[No muy] querida Patas Negras,

Sé que no es tu culpa, y que mi rabia no debería depositarla en ti. Lo más probable es que si nos hubiéramos conocido en otra instancia, nos llevaríamos bastante bien… amigas quizás, ¿quién sabe? Lamentablemente, hoy en día representas todas mis inseguridades y el punto cúlmine de lo que fue la peor semana de mi vida.

No nos conocemos en persona. Sin embargo yo a ti te conozco muy bien. La forma en la que me fuiste presentada no fue nada de grata. De hecho, fue horrible. Una serie de imágenes que llegaban por montón a mi celular, a miles de kilómetros desde donde ocurrían los hechos (y en medio de mis vacaciones familiares si es que debes saber). Imágenes borrosas e imprecisas, como es de esperarse de fotos que se sacan a distancia, con iluminación difusa de discoteque.

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El mensaje decía…

“Prima, que lata tener que arruinarte tus vacaciones, pero tenía que contártelo…”

En mi mente pensaba…

“¿Dos siluetas?… ¿Ese pelo engominado, esa camisa con rayas lila; será él?… ¿Y ella, quién es? … ¿Realmente me está pasando esto?”.

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Necesitaba saberlo directamente de él.

Comunicarte con alguien que se encuentra en otro país, con 4 horas de diferencia, no es nada fácil (ya no puedo escuchar el tonito de LINE sin acordarme de esa semana infernal de llamadas a larga distancia).

Dime que es mentira”, fue lo primero que le dije. Hubo un momento de silencio, y luego trató de negarlo (Shaggy-style). Pero cedió en cosa de minutos: “No quería arruinarte las vacaciones, pero si prefieres enterarte ahora… sí, es verdad”.

Lo único que recuerdo de la siguiente hora, son fragmentos de conversación:

   

      

[Corte de llamada].

Casi dos horas encerrada en un diminuto baño, exigiendo explicaciones en la mitad de la noche, y tratando de que nadie en mi familia escuchara mis sollozos amortiguados por una toalla.

Solo pude rescatar tu primer nombre, y que habías estado celebrando tu cumpleaños en una disco (¡chócale, las dos somos de enero!). Podría haberme evitado el sufrimiento y dejarlo hasta ahí. Pero necesitaba rastrearte. Necesitaba odiarte en silencio y desde lejos. Necesitaba ponerle un nombre y un rostro a quien le estaba poniendo fin al mejor año de mi vida.

 

Para mi desgracia resultó que eras muy atractiva. No es de extrañar que lo tentaras a arriesgar a perder a su mejor amiga para siempre. Para mi alivio, no eras rubia (su gran debilidad y mis peores rivales). Para mi GRAN alivio, había sido solo esa vez.

La vida volvía a sonreírme… Not really.

No te guardaría tanto rencor si no me hubiera enterado de que estabas al tanto de mi existencia. Cuando hablo de “mi existencia”, me refiero a que sabías que una pobre ilusa mantenía una relación amorosa con el pseudo-surfista que tenías al frente (lamento desilusionarte, pero solo se maneja en olas artificiales).

Durante mucho tiempo me imaginé qué haría si me encontraba contigo. Me imaginaba divisándote a lo lejos en una fiesta (en la Eve, para agregarle el componente irónico a la historia), acercándome sigilosamente y botándote “accidentalmente” un trago encima. Una venganza colosalmente pendeja, pero que me servía para volver a creer en el karma. Si reunía el coraje suficiente, acompañaría mi infantil desquite con un breve, pero punzante discurso. Algo que partiría con “creo que te conozco de alguna parte…” y que terminaría con “… ahora te toca asumir tus errores” (y si me poseía mi Jesse Pinkman interno, le agregaba un enérgico “BITCH !” al final).

 

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Sin embargo, decidí que si ya empecé esta “blogterapia”, también formarías parte de ella. Ya torturé emocionalmente al protagonista del conflicto (el blog prácticamente lleva su nombre), pero lo nuestro sigue pendiente.

 

Te salvaste de la piscola derramada encima de tu polera regalona de Topshop. Te salvaste del discurso latero de una ebria desconocida en medio de un carrete. Pero no te salvarás de mis palabras. Palabras que ojalá tengan algún efecto en ti, y en todas las que alguna vez se fueron en la voladita de “hombre casado sabe más bueno”. Lo que no saben es que “sabe más bueno” solo hasta que la esposa se entera y decide vengarse.

Me imagino que no eres mala persona. Perfectamente podría haber sido yo quien cometía tú mismo error. No te mereces mi mala onda tampoco, pero créeme que es algo inevitable. Si es que alguna vez has estado enamorada, puedes imaginarte qué lugar ocupas en mi escala sentimental (justo entre las categorías de ‘CELOS’ y ‘FURIA’). Te doy las gracias, ya que una vez que te lo hacen a ti, no te imaginas haciéndole lo mismo a otra persona.

Te informo que no fui capaz de desecharlo de mi vida. Lo amé demasiado como para dejarlo ir por completo. Sin embargo, cada día me voy dando más cuenta de lo inútil que es seguir gastando energías en reparar lo que alguna vez fuimos. Actualmente Juan está en las mismas que cuando recién lo conocí: autodestuyéndose en su propia diversión para llenar vacíos emocionales.

A lo que voy es que… Yo llegué primero.

lo conociste esa noche. Yo hace más de un año. sólo lo deseabas para pasar el rato. Yo lo amaba.

Esta carta es para todos los que no tomaron en consideración a quienes lastimaban con sus acciones. Esta carta es para todas las ‘Jolene’ que miran de reojo a tu pololo. Esta carta es para la mujer que no está consciente del daño emocional permanente que me causó su leve “descuido”. Esta carta es para ti Paula.

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[ THROWBACK THURSDAY]:
La fotografía no es un hobby barato, y revelar rollos no es un lujo que pueda darme semanalmente. Es por eso que he decidido hacer una selección de fotos representativas de mi pasado, de modo que tengan una imagen más completa de la autora de este blog.

Las fotos, en orden de aparición …

1 y 2. En el álbum en el que encontré esta foto salía anotado: “La Francisca en su pieza muy enojada con su mami, porque le tiró sus globos al patio sin preguntarle”. Hoy en día pongo el mismo cartel de “Prohibido a que entren Mamás” en la puerta de mi pieza cuando Tía Sandy me prohíbe salir a carretear.

3. Ola ke ase?

4. Con mis primos (Sofi y Benja) en el pueblo Las Brujas de Vichuquén.

5. Mis papis muy ochenteros y enamorados, disfrutando de sus vacaciones improvisadas. Cuando a mi papá lo despidieron de su trabajo, con mi mamá decidieron salir a celebrarlo con una luna de miel 2.0 a Disney.

6. Mi primer equipo de hockey, Las mini Old Girls, en un torneo en Viña del Mar el 2001.

7. Mi ‘Oye’. La abuela más apañadora y lolein del mundo (podrás encontrarla carreteando con sus amigas en Las Urracas, y sacando fotos con su tablet).

8. Preparándome para la Pascua. Toda una conejita Playboy.

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… Ojalá lo leas.

Fran.

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6 thoughts on “Carta para la Patas Negras

  1. Escribes excelente!! tremenda escritora pero estas un poquito obsesionada, un psicólogo no te haría nada de mal para solucionar tus problemas!! amé tu blog sigue así!!

    • Gracias! Pero la obsesión es lo que hace al artista. Eventualmente dejará de ser tema lo de mi ex (supongo), pero por ahora es mejor aprovechar que de esa “obsesión” salen publicaciones exitosas.

  2. Hola.

    Antes que todo, queria escribir que no concuerdo con el comentario anterior. Los psicologos solo te sacan plata. Al final quien decide y logra un cambio en la vida es la persona misma, no un tipo completamente impersonal que te da un espacio para desahogarte (el cual puede ser perfectamente reemplazado por otro, como por un blog).

    Segundo: Comprendo cual es el sentimiento de la autora. Hay miles de historias parecidas que pudimos haber vivido, y creo que lo mejor es vivir nuestra tristeza, incluso aunque parte de ella sea alimentada mas por nuestras visiones e imaginaciones que por el suceso real: no porque piense que sea bueno revolcarse en el pasado, sino porque de ellas aprenderemos, y tarde o temprano las habremos desgastado tanto que no podran mas que parecernos riculas (o eso es lo que esperamos).

    Asi como vivimos el encanto -real o ficticio- del amor, creo que tambien podemos vivir el desencanto, y siempre habra algo que rescataremos para bien personal.

    Espero seguir leyendote 🙂 por casualidades de la vida encontre esto.
    Saludos.

  3. holaa! me entere de tu blog hace poco por unos amigos de la u, tambien estoy en la uc, en college cambiandome a comunicaciones.. y me puso a leer de qe se tratabaa..
    pase por lo mismo hace un par de años, eso si yo lleve un diario de vida jajaja, lei esto y LO AME, que ganas de haber hecho exactamente lo mismo que tu!! seca y valiente fran, number one fan de tu blog ahora jajaja!! ahora en mis domingos sin “peliculas y regaloneos” tengo tu blog para reirme un rato!!

    • Pauli me alegró muchísimo tu comentario, que chori que lo leas y que te identifiques!!! ♥ ♥ ♥
      Te cuento que estoy trabajando en un nuevo post, ojalá estrenarlo la próxima semana o la que viene (pa’ que estés atenta!).
      Muchos saludos y gracias x la buena onda 🙂

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